Untitled #3

Enero 26, 2008 at 3:55 pm (General, Relatos De Amigos)

Estoy en el exterior, pero mirando lo de dentro… fijándome en todas las acciones que poco a poco van desarrollándose a mi alrededor.No logro acaparar todos los hechos y reunirlos de forma racional en mi mente…

Todo está oscuro… y eso creo hasta que abro los ojos, entonces me doy cuenta de que mi mirada está perdida, buscando algo en qué sostenerse, un agarre…

Mis ojos se fijan en un punto que podría conectar todo lo que me rodea. Miro hacia la nada, pero esa nada me lo está diciendo todo.

Me irá explicando poco a poco porqué estoy mirando eso ahora, que hago ahí, que es lo que me conecta con los sangrientos cuerpos, con el desorden que invade el ambiente de aquellas imágenes, con los momentos de angustia que los personajes, aterrados, están viviendo…

Una joven está llorando, y me concentro en ese llanto, observo el recorrido que la lágrima va formando a lo largo de su rosada mejilla, cuando, de repente, un rayo comienza a crecer en esa gota, que ahora se ha tornado en un sucio color rojo, y vuelvo a despertarme.

En este amanecer todo se ha callado. Los gritos, los llantos… han cesado. Estoy tirada en el suelo. Algo me está bloqueando las extremidades, evitando que me ponga en pie para visitar el desastroso paisaje que se abre ante mis ojos. Giro la cabeza y veo como un montón de escombros se han derrumbado encima de mí, encima de mis piernas…

Intento liberarme de los escombros, pero al hacer fuerza… noto algo extraño, algo que nunca antes había sentido. No soy cristiana pero rezo, Dios mío, rezo como jamás lo había hecho. Lloro sabiendo lo que va a ocurrir, que de hecho, ya ha ocurrido… el simple gesto al intentar moverlas me lo está confirmando, porque… no siento nada. Los escombros, al caer, me han cortado las piernas, y la poca carne que me queda está completamente desgarrada.

Me quedo un rato tendida en el suelo, como un cuerpo inerte, dándome ya por muerta, sin ganas de vivir, evitando respirar pero sin poder conseguirlo.

Nuevamente me despierto, pero esta vez, lo que me saca de mi inconsciente es un llanto, un llanto distinto al de la joven. Un bebé está llorando…

Me ordeno levantar la cabeza para saber de dónde proviene exactamente aquel insistente sollozo. Dirijo mis dilatadas pupilas a un lugar preciso… Entre cuerpos sin vida desparramados por el interior del… sí, creo que sí, debe ser un tren… descubro una mantita que se remueve: una mantita con finos bordes rematados con gran sutileza, pero ese límpido blanco está recubierto de manchones que ensucian a su vez el encanto de la fina tela.

Sé que tengo que hacer algo… No sé si porque soy la única que parece poder moverse, o simplemente porque el llanto empieza a sacarme de quicio, el caso es que reúno las pocas fuerzas que me quedan para mover los brazos y desplazarme por el caótico pasillo del tren.

Esto de mover cada músculo que me queda con vida, y que tiene que arrastrar el peso añadido de lo ya muerto me está agotando.Comienzo a llorar… de nuevo… no siento vergüenza por ella… ¿Cómo podría sentirla?

Nuestros llantos empiezan a mezclarse… la locura, a su vez, empieza a incrustarse en mí. Pero esta situación que parecía eterna acaba en el momento en el que toco la pata del asiento en el que el bebé se encuentra.

Ambos lloriqueos paran en seco, y la caricia de mi mano en el asiento calma mis ganas de dejar de soltar lágrimas sin fin alguno.

Agarro lo que hasta hace poco había sido una bella mantita de bebé, y la atraigo hacia lo que queda de mi cuerpo. Al hacerlo, el brazo que protegía hasta entonces el cuerpo envuelto en la manta cae… y con el peso del brazo caído, el cuerpo de quien adivino debería ser su madre, golpea contra el suelo, ya que, gracias a Dios, mi reflejo al mover un poco el cuerpo, impide que el suyo caiga encima del nuestro apresándonos.

Ahora me fijo en el bebé… es un niño… un niño con ojos que no sabría definir como verde azulado o azul verdoso. En el instante que poso mis ojos en los suyos… consigue acorralarme y decido cuidar de él, así que me alejo lo suficiente como para no sentirme mal debido a la irritante cercanía del cuerpo muerto de la madre. Entre cadáveres intento concentrarme en el bienestar del niño. Y parece que no va tan mal… le cuento historias. Al principio mi voz tiembla, pero termino incluso cantándole nanas.

Mis ojos empiezan a cerrarse… será que mi voz me está cautivando a mí misma..

Empieza a caer sobre mí un pesado sueño. El niño me sonríe y le devuelvo la sonrisa. Cierro los ojos e intento dormir con la esperanza de que el niño tome ejemplo. Le arropo una última vez y me dejo llevar por un profundo sueño…

Esta vez será la última vez que me despierte… en ese mundo…

El niño ahora está en brazos de otra persona. Esa misma persona pasa el bebé a los brazos de una tercera persona, que se dirige hacia la salida. Porque ahora hay una salida… ni siquiera me había planteado buscar una.

Quien está ahora dentro del tren, porque ahora veo claramente que se trata de un tren, se acerca a un cuerpo… logro adivinar por sus rasgos que se trata del cuerpo de la madre del niño. Y a su lado… hay otro cuerpo más…

Un cuerpo al que le faltan las piernas… obviamente adivino de qué cuerpo se trata…

Pero… necesito una última respuesta.
Una última respuesta que jamás me será dada.
Una respuesta simple a una simple pregunta:

¿Cómo empezó?

By: Noemi S. M.

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